El país al revés es un lugar que podría ser o no ser ficticio, todo puede ser posible para una escritora y para quien lee lo que ella escribe. En este punto, es conveniente anotar un refrán que conozco: "Al que le pica es porque ají come"; y le pica la boca, por supuesto, ya que el ají es picante, tanto como la pimienta, solo que lo que dice el refrán, por extensión, es aplicable a muchas otras situaciones. Quien que se identifica con el contenido de mi blog, se ve reflejado en él y cree que me refiero a su persona o a su país, entonces será que habrá comido ají, y es totalmente libre de comer picante e identificarse con lo que escribo.
Creo que debo agregar que si algo he aprendido en mi poco tiempo como cibernauta es que "la verdad duele", porque se quiere hacer creer que este mundo virtual es un paraíso de felicidad, por supuesto, porque de saber que es idéntico al otro de allá afuera, la gente huiría para refugiarse en el mundo real o nunca osarían navegar dentro de un computador en un océano contaminado de contradicciones; tal como huyen de la realidad palpable, de la existencia diaria, para refugiarse aquí.
¿Que tiene cosas positivas? Si, las tiene, que lo serían más si no fuera absolutamente idéntico a aquel que existe sin necesidad de un monitor de por medio, uno donde también, generealmente, lo nefasto supera a lo agradable.
viernes, 27 de marzo de 2009
Mundos paralelos
No es que en el país al revés existan bandos, no, rotundamente, ¡¡¡¡NO!!!!; únicamente existen dos mundos paralelos determinados por la manera de ser de sus ciudadanos.
Uno de esos mundos se rige por las características gobierneras; el otro, por las de quienes se niegan a ser diferentes a lo que siempre fueron los habitantes del país antes de que este estuviera de cabeza.... ¿Y como eran?
ALEGRES... Independientemente de los problemas, siempre repetían: "Al mal tiempo, buena cara", y así resultaba muy difícil -o imposible- amargarse.
SOLIDARIOS... No importaba lo grande, lo grave, lo complicado, lo engorroso que resultara, si alguien necesitaba ayuda -conocido o desconocido, amigo o no- se podía contar con ellos de manera inmediata.
GENEROSOS... "Donde comen dos, comen tres", acostumbraban decir, porque no había duda en compartir lo que se tenía, por poquito que fuera, con tal de colaborar con el prójimo.
AMABLES... ¿Estabas extraviado? ¿Varado en la acera y necesitado de una dirección? Le preguntabas a cualquier transeúnte oriundo del país y era capaz no solo de explicarte con lujo de detalles, sino de llevarte hasta el lugar sin pedirte nada a cambio.
PACIFICOS... A pesar de que una de las tres razas que los forman es guerrera, indígena, no les agradadaba resolver las cosas violentamente; preferían la diplomacia, el diálogo, el acuerdo.
GREGARIOS... Fuera el color de tu piel distinta a la suya, o tu religión, tu nivel económico, tus ideas políticas, tu edad, tu profesión, te trataba respetuosamente, no discriminaba.
Eran así y siguen siéndolo, pesar de todo, y están determinados a no cambiar.
Uno de esos mundos se rige por las características gobierneras; el otro, por las de quienes se niegan a ser diferentes a lo que siempre fueron los habitantes del país antes de que este estuviera de cabeza.... ¿Y como eran?
ALEGRES... Independientemente de los problemas, siempre repetían: "Al mal tiempo, buena cara", y así resultaba muy difícil -o imposible- amargarse.
SOLIDARIOS... No importaba lo grande, lo grave, lo complicado, lo engorroso que resultara, si alguien necesitaba ayuda -conocido o desconocido, amigo o no- se podía contar con ellos de manera inmediata.
GENEROSOS... "Donde comen dos, comen tres", acostumbraban decir, porque no había duda en compartir lo que se tenía, por poquito que fuera, con tal de colaborar con el prójimo.
AMABLES... ¿Estabas extraviado? ¿Varado en la acera y necesitado de una dirección? Le preguntabas a cualquier transeúnte oriundo del país y era capaz no solo de explicarte con lujo de detalles, sino de llevarte hasta el lugar sin pedirte nada a cambio.
PACIFICOS... A pesar de que una de las tres razas que los forman es guerrera, indígena, no les agradadaba resolver las cosas violentamente; preferían la diplomacia, el diálogo, el acuerdo.
GREGARIOS... Fuera el color de tu piel distinta a la suya, o tu religión, tu nivel económico, tus ideas políticas, tu edad, tu profesión, te trataba respetuosamente, no discriminaba.
Eran así y siguen siéndolo, pesar de todo, y están determinados a no cambiar.
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