lunes, 2 de febrero de 2009

Día Nacional de los flojos

Esa mañana, como de costumbre, a las 5:00 a.m. en punto, el panadero abrió la puerta a sus empleados; lo mismo hicieron, un poco más tarde, el carpintero, el fabricante de ropa, el dueño del supermercado, el editor, el farmaceuta, el comerciante y tantos otros más; estudiantes y educadores, como era su costumbre, madrugaron para asistir a sus los institutos educativos; los doctores partieron rumbo a hospitales y clínicas a fin de cumplir sus guardias, lugares donde los pacientes esperaban ansiosos desde tempranito para ser atendidos. Todos y cada uno de ellos y tantos otros más, se levantaron apenas oir el despertador, la voz de la abuelita, la mamá o la esposa, porque sabían que, responsablemente, debían cumplir con sus horarios; la mayoría de ellos tomó un baño -a pesar del frío-, cada quien en su estilo se "emperifolló" lo más rápido posible para no llegar tarde y corrió a buscar el carro, tomar el metro, esperar su turno en la larga cola del autobús o caminar ocho o diez cuadras -casi todos sin tomar desayuno.
Después, todos llegaron a su destino e inmediatamente se devolvieron... frustrados, rabiosos, murmurando groserías, ¡HARTOS!... esa mañana se enteraron que al calendario de días feriados le había sido agregado uno nuevo: el "Día Nacional de los flojos", una fecha en la que todos fueron obligados a no trabajar, y "¡Ay de aquel que se atreviera a hacerlo!"

A lo largo y ancho del país al revés se oyó decir: "¡Si trabajas hoy te cierro la fábrica, el abastos, la clínica, el colegio, la farmacia, la carpintería, el supermercado, la editorial, el comercio, el taller, el quiosco......................................lo que sea!"