En un país al revés es absolutamente obligatorio vivir en zozobra, porque la palabra paz está prohibida.
Los politiqueros vociferan que la gente de a pie no debe acostumbrarse a la eterna angustia, que tiene que atreverse a exigir tranquilidad, pero... porque en un país al revés siempre hay un pero... pero, los que están acostumbradísimos a vivir tranquilitos en medio del caos son, precisamente, los que gritan a la gente que no debe acostumbrarse a tanta loquera, es decir, los politiqueros. No hay quien los entienda...
viernes, 28 de noviembre de 2008
lunes, 24 de noviembre de 2008
Se conforman con un dulcito

En el país al revès de nuevo se aproximaba un día de repartición de golosinas; el dueño de la tienda donde las vendían a cambio de sumisión -dueño que en realidad no lo era, puesto que la había obtenido a la fuerza- se ocupaba de negociar los caramelos, chocolates, chupetas, confetis, suspiros, almidoncitos, melcochas, abrillantados andinos, coquitos, conservitas de plátano y cuanto dulce se pudiera considerar tan pero tan apetecible que nadie que fuera ambicioso, entregado a la tentación, resistiera rebajarse y arrodillarse para rogar por ellos. De la forma más grosera, el malvado los ofrecía, se regodeaba de tener en su poder el negocio, de que nada ni nadie se lo podría arrebatar y que solo él decidiría quien comería y quien no; vociferaba que únicamente aquellos que se rindieran a sus pies serían premiados con sus dulcitos. No había para todos, las cantidades estaban muy limitadas, así que quienes estaban loquitos por obtenerlos a como diera lugar, hacían lo imposible por convencer a cuanta persona se dejara de que si los apoyaban en su empeño ellos los dividirían en pedacitos; nadie les hacía caso. Cambiaron la estrategia y poco a poco lograron engatusar a unos cuantos, bajo el engaño de que si lograban arrebatarle una buena cantidad de golosinas al falso dueño, llegaría el momento de sacarlo de allí y devolver la tienda a sus verdaderos propietarios... lo que los engatusados no sabían era que los golosos habían hecho una sucio acuerdo de intercambio con el odioso repartidor: "mientras más tontos crean en nosotros y nos apoyen, más delicias nos entregas; tú quedarás como un ser generoso, dadivoso, sin egoismo, capáz de repartir a gente que te detesta... o sea, jamás nadie podrá sacarte de la tienda; nosotros, nos hartaremos y sofocaremos estas ansias de saborear".
Así fue como se repitió por enésima vez lo que siempre sucedía el día de repartición de golosinas en el país al revès: el dueño que no lo era siguió sentado en una silla que no era de él, haciendo de las suyas, los voraces viciosos de los dulces se empalagaron una vez más... y ¿los engatusados?; primero se jactaron de su gran "hazaña" colaboracionista y después, ¡DESPUES!... notarn que una vez más se habían dejado engañar... ¿Cuándo aprenderán?
Así fue como se repitió por enésima vez lo que siempre sucedía el día de repartición de golosinas en el país al revès: el dueño que no lo era siguió sentado en una silla que no era de él, haciendo de las suyas, los voraces viciosos de los dulces se empalagaron una vez más... y ¿los engatusados?; primero se jactaron de su gran "hazaña" colaboracionista y después, ¡DESPUES!... notarn que una vez más se habían dejado engañar... ¿Cuándo aprenderán?
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