Antes de que el paìs anduviera al revès, cada quien se ocupaba de lo suyo: de su profesiòn, de su oficio o de su flojera. En el paìs habìa ingenieros, arquitectos, maestros, profesores, enfermeras, mèdicos, odontòlogos, enterradores, comerciantes, artesanos, taxistas, "oficce-boys", damas de la noche, amas de casa, jubilados, polìticos... en fin, no existìa una ocupaciòn que no fuera ejercida por al menos un habitante; todos ocupaban su tiempo en lo propio, ya fuera trabajo, descanso u ocio. Cuando a la minorìa empeñada en que el paìs andaba torcido se le ocurriò la idea de que la polìtica no era solo de los polìticos, sino que los millones y millones de ciudadanos de ese paìs estaban obligados a meterse en el asunto, no imaginaron lo que provocarìan. Estaban confiados en que los compatriotas eran bolsas, que podrìan manipularlos a gusto sin consecuencias; juraban que todo aquèl que no fuera "politiquero de profesiòn", no entenderìa de engaños, falsas promesa, fraudes, etc.
Los arquitectos nunca exigieron a los polìticos que diseñaran sus obras; los maestroas, que dictaran sus clases; los obstetras, que atendieran los partos; los albañiles, que prepararan cemento; los carpinteros, que serrucharan madera; los vigilantes nocturnos que se desvelaran; los policìas, que expusieran la vida; los periodistas, que cubrieran las noticias; las manicuristas, que les "hicieran las uñas" a las doñas; las chicas de servicio, que pasaran coleto; los editores, que publicaran sus libros; los taxistas, que trasladaran a sus pasajeros... al contrario, los polìticos se sirvieron de todos ellos y de cada persona, fuera cual fuera la profesiòn u oficio que desempeñaran, es màs, en època electoral, cuando necesitaban apoyo, adulantes ellos, los buscaban, para luego, apenas obtenido el cargo por votaciòn popular, darles la espalda y abandonarlos.
En un principio, al enterarse de las intenciones de los polìticos,todo aquèl que no lo era, moviò la cabeza de lado a lado y expresò la palabra ¡NO!`-asì mismo, encerrada en signos de admiraciòn-; rechazaban la idea, ya que si ellos empleaban su tiempo y esfuerzo en sus ocupaciones, los señores polìticos debìan hacer lo propio, pero............¡QUE VA!, no se daban por vencidos. Como no hallaban manera de convencer a sus compatriotas y mantenerlos cautivos, se les ocurriò crearles un permanente complejo de culpa, e inventaron que todo habitante del paìs estaba obligado a meterse de lleno en la cosa porque de ellos dependìa que funcionara... o sea... le arrimaron las responsabilidades al pròjimo. Era algo asì como si el cirujano le exigiera al polìtico que operara al paciente en su lugar, para que la vida de este pudiera ser salvada; o que el profesor le pidiera que dictara sus clases porque, de lo contrario los alumnos serìan ignorantes para siempre; que el barbero los llamara para que cortaran el cabello a los clientes, pues solo asì ellos quedarìan satisfechos... ¡EL COLMO!
Pasò el tiempo; la insistencia era mayor, todo un fastidio; hasta que lograron su objetivo y los ciudadanos acabaron politizados, solo que a tal punto que los polìticos, ahora conocidos como politiqueros, se aterrorizaron. Ante el peligro de gente con los ojos bien abiertos, capacidad de raciocinio comprobada, voluntad fèrrea, valentìa al por mayor, libres de pensamiento, no les quedaba otra que probar nuevos mètodos de control. ¿Còmo engatusar a esa masa incontrolable?... Òptaron por exigirles todavìa màs, y con el mismo afàn de dominio que caracterizò a los venidos del otro lado del charco siglos atràs, combinaron el ya enraizado complejo de culpa con manipulaciòn renovada (basada en el rencor, el odio y la venganza), ofrecimientos y amedrentamiento. La mezcla perfecta habìa sido inventada... segùn ellos.
Los tiempos eran otros, el paìs ya estaba de cabeza y cayendo al precipicio; hubo quienes aceptaron ofrecimientos sin el màs mìnimo complejo de culpa; algunos fueron manipulados gracias al amedrentamiento; otros no necesitaron manipulaciòn, pues de por sì ya eran rencorosos, vengativos, acomplejados y cargados de odio; la inmensa mayorìa no se dejò amendrentar ni manipular, pero sì acomplejar... amaban a su paìs......Fuè entonces cuando sin saberlo, marcaron su destino incierto.
Llegò un momento en que el pueblo se hizo experto en lo suyo y en la polìtica, al punto que surgieron terribles preguntas: ¿Para què sirven los polìticos de oficio, si no ejercen sus funciones por sì mismos sino que se las recuestan al pròjimo?... ¿Para enredar?... ¿Para obstruir?... ¿Para destruir?... ¿Para discursear?... ¿Para vociferar?... ¿Para ser candidatos a algo y luego soltarle el asunto a los demàs?... ¿Para mandonear?................¿Para mandonear?...
La masa se tornò incrèdula... perdiò la fe.
jueves, 2 de octubre de 2008
martes, 30 de septiembre de 2008
La derecha nunca irà por el centro, mucho menos cuando es izquierda...


Antes de que el paìs se volteara al revès, algunos insistìan en que habìa que enderezarlo hacia la derecha porque estaba torcido. Ciertas personas, hoy consideradas adivinas, aconsejaron no hacerlo, pues resultaba totalmente riesgoso; no fueron escuchados... La minorìa empeñada en sacarlo del camino que llevaba, supuestamente equivocado, empujò y empujò, hasta conseguir su objetivo, y en corto tiempo esa gente se diò cuenta de que habìan echado al paìs por un barranco, al parecer, sin fondo, al cual todavìa sigue cayendo, siempre patas arriba, es decir, al revès... Todos, todos, ¡TODOS!, llevan años haciendo comparaciones entre el paìs de ahora y el de antes, unos porque les parece perfecto andar de cabeza y hacia atràs; la mayorìa porque piensan que eran felices y no se habìan dado cuenta.
domingo, 28 de septiembre de 2008
Futuro asegurado
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