jueves, 4 de septiembre de 2008

Habìa una vez un paìs...



Habìa una vez un pequeño paìs, situado en un diminuto planeta que giraba junto a otros ocho alrededor de un astro enorme, èste ùltimo todo fuego, muy caliente; los 10 (planeta, astro y demàs), acompañados de los respectivos satèlites, un anillo de asteroides y algunos otros elementos màs, constituìan un minùsculo sistema acomodado en cierto rinconcito de una galaxia, colocada èsta en el Universo infinito durante su formaciòn, gracias a una "magia" estudiada por muchos, pero nunca definitivamente comprobada...

Ese paìs no existiò desde que el mundo es mundo, no, "añales" atràs el que serìa su territorio se confundìa con el resto, en una especie de caos de materia informe hecha de sustancias diversas tratando de agruparse en un todo. Muchìsimo despuès, el paìs, que aun no era paìs, habìa sido un microscòpico e insignificante puntito de una enorme masa sòlida rodeada por una gigantesca cantidad de lìquido; ambos dos, sòlido y lìquido, para entonces, elementos principales del planeta en cuestiòn, los que que antes de llegar a ser lo que eran, debieron estar sometidos a transformaciones constantes, pasando por muchos acontecimientos catastròficos que los moldearon, inclusive, cuando el planeta era muy joven, tuvieron que transitar por un estado intermedio y ser una especie de caldo fangoso, pestilente y burbujeante.

Al paso del tiempo, contado en miles de millones de años, en determinado momento de la historia del planeta, la misma magia no comprobada diò lugar a la "vida" dentro de dicho caldo, vida representada por una simple molècula, que despuès resultò en cèlula, a partir de la cual, gracias a la lenta e indetenible "evoluciòn", luego de millones de mutaciones, el planeta quedò poblado de seres... ninguno de ellos "humano"... Allì estaba el planeta, con la dura costra y el amplio y profundo ocèano sobre èl... ya habitado.

Los cambios no se detenìan; se alternaban el frìo, el calor, el viento, los terremotos, los volcanes... cada cierto lapso los golpeaban duramente, hasta que la costra se fracturò, se volviò pedazos que se separaron, flotaron, giraron, navegaron, chocaron... El clima nunca era estable, podìa ser tan frìo que congelara el lìquido y tan càlido que lo derritiera; habìa larguìsimas èpocas en que la mitad superior del planeta era hielo permanente, sucedidas por otras en que el hielo se alejaba hacia el norte, muy hacia arriba. Existìan lugares de costra y del lìquido que no eran afectados por las inestables temperaturas: todos aquellos situados, aproximadamente, de la mitad del planeta hacia abajo, hacia el sur.

Tuvo que transcurrir mucho tiempo para que tuvieran origen los que hoy llamamos "seres humanos"... desde ese momento y hasta hoy fuè necesario que trancurrieran 3.500 millones de años...es decir, una cosita de nada en relaciòn a lo que antiguedad de planetas se refiere.

Hay muchas opiniones en relaciòn al momento y lugar en que surgiò esa vida "inteligente" denominada asì por ellos mismos posteriormente, muy en el futuro; lo cierto es que apareciò y se perfeccionò poco a poco. Su existencia siempre fuè dura, difìcil, y aquellos seres humanos del inicio debieron superar infinidad de sucesos para llegar al siglo 21, al nuevo milenio...

Pero, ¿y el paìs?... ¿cuàndo se hizo paìs?... En determinado momento de la historia, un señor propuso a cierta reina un viaje al otro lado de un enorme "charco", uno que habìa tenido orìgen a partir del lìquido inicial durante la formaciòn del planeta. A simple vista, en la orilla opuesta no se observaba nada de nada, ùnicamente el horizonte, pero el señor deseaba llegar hasta allà a como diera lugar para comerciar con un sitio ubicado precisamente allì, un reino diferente, que poseìa productos muy buscados; el hombre pretendìa encontrar una ruta nueva, propia, libre de competidores o cobradores de peajes.

La reina consultò con sus asesores y ellos clamaron que tal ocurrencia era una locura. El señor propuso la idea a otros y tambièn le dijeron ¡NO!...¡MUY COSTOSO! ¡Y USTED ES MUY AMBICIOSO!...Despuès de mucho insistir, de acordar menores porcentajes para èl y de nueva consulta por parte de la reina, èsta aceptò patrocinarlo y asì, con una tripulaciòn conformada por ladrones, estafadores, asesinos y demàs "joyitas", que habìan cambiado càrcel por libertad si acompañaban a un insistente caballero -ahora con postizo grado de almirante y futuro virrey de cuanto terreno pudiera encontrar-, el viaje se iniciò, encaramados todos en sus barcos, repartidos en tres carabelas.

Navegaron y navegaron, hasta creyeron estar irremediablemente perdidos, y cuando pensaron que solo restaba morir de hambre y sed en medio de aquella lìquida inmensidad, el vigìa gritò: ¡TIERRAAAAAA!... estaban salvados. Juraban haber arribado a donde tenìan planeado. Echaron anclas, remaron hasta la playa, y tal como habìa sido acordado con la reina, el almirante clavò bandera en cada lugar que pisaban, inclusive en aquèllos donde encontraron moradores. Ya de regreso, apenas los gobernantes de otros sitios se enteraron de que existìa un mundo rico en infinidad de cosas màs allà del charco, decidieron que cada uno tenìa derecho a tomar su parte, de modo que organizaron expediciones. El mismo almirante realizò mas de una visita al Nuevo Mundo o Mundo Nuevo que, a decir verdad, era tan viejo como aquel de donde venìan los extranjeros dispuestos a conquistar.
Barcos y gente iban y venìan; se sucedìan duros y difìciles enfrentamientos o victorias màs o menos sencillas entre los forasteros y los nativos -èstos,personas que a fin de cuentas no eran autòctonos, pues apenas resultaban ser descendientes de quienes se habìan establecido muchìsimo tiempo antes: unos procedentes de algunas islas del segundo enorme charco, todavìa totalmente desconocido para los conquistadores del momento; otros del mismìsimo lugar de origen de estos ùltimos en èpocas cuando los reyes y reinas no existìan, y penetraron justo por el norte, cuando los enormes trozos de la costra sòlida estaban conectados por puentes de hielo... y segùn los màs osados, o fantasiosos, de otros planetas, en sus naves espaciales, para dejar, una extraña cultura que fuè heredada por siglos y siglos...

La idea de los foràneos era arrasar todo lo que existìa; fundar nuevas cuidades y aldeas; cambiar los nombres a cada sitio y cosa; imponer costumbres, valores, religiòn, idioma... y gobernantes. Todo lo que encontraran debìa desaparecer y ser sustituìdo por algo semejante a lo que conocìan en sus tierras de orìgen a como diera lugar...¡Y vaya que lo lograron!...Reducidos los nativos, acabados algunos enfrentamientos con grupos empeñados en defender sus vidas, su manera de ser, sus tradiciones y demàs, las colonias se multiplicaron... y la gente tambièn. Ahora venìa la etapa de explotaciòn de riquezas.
Los naturales eran considerados holgazanes, de modo que surgiò la idea de "importar" trabajadores, y fuè entonces cuando se iniciò el comercio de humanos de piel oscura convertidos en esclavos... Poco a poco, aldeas, pueblos y ciudades tomaron forma, y en ellas habitaban seres de pieles en tres colores diferentes: "blanca", "cobriza" y "negra". La naturaleza indetenible actuò y los colores se mezclaron, para dar lugar a otros nuevos, pero el predominio en poder y comodidades lo seguìan teniendo los de piel clara.

En cierto momento, transcurridos varios siglos, alguien dijo por primera vez la palabra "independencia" y su pronunciaciòn creò un eco tal, que se escuchò en todo el contorno del planeta. En el el territorio que algùn dìa serìa èl paìs de esta historia, un hombre menudo y delgado logrò captar el vibrante tèrmino con claridad y se estremeciò su corazòn, asì que decidiò dedicar su vida entera a lograr la plena independencia de su terruño y de otras regiones circundantes. Guerras, batallas, enfrentamientos entre dos bandos opuestos, uno al servicio de la Monarquìa y otro cuya ùnica meta era la Repùblica. Hubo triunfos y derrotas en ambas partes... ganò la Repùblica, aunque su nacimiento se viò empañado por rivalidades entre los que la hicieron realidad; acabò, ademàs, la esclavitud, solo que èsta dejò una profunda y sensible cicatrìz. ¡EL PAIS HABIA NACIDO!

Mas de un siglo despuès, otra palabra resonò a los cuatro vientos: DEMOCRACIA, un sistema donde los pueblos gobiernan representados por personas que ellos mismos eligen mediante el voto. La nueva idea calò en las mentes y se convirtiò en un nuevo motivo de lucha y de triunfo asegurado en el paìs en cuestiòn, gracias al compromiso de ciudadanos dispuestos a conseguirlo, aun a costa de sus propias vidas... La DEMOCRACIA venciò; en adelante y por 4o años serìa una Repùblica con un sistema Democràtico.

...Y despuès...¿despuès?... despuès.......................................